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Estamos viviendo literalmente la era de la ola publicitaria, campañas: sociales, políticas o comerciales, que nos sirven de ejemplo para ver la evolución de la creatividad en el transcurso del siglo XXI, y es que es inevitable no notar como entran a nuestras vidas, transformándose en emociones, comportamientos, movimientos, yendo más allá de su principal objetivo: “acción de compra”; ya no basta con enviar el mensaje y solo recibir monetización acabo, la publicidad se ha convertido más bien en una ola  en movimiento, volcando nuestra monotonía en las redes sociales, permitiéndonos opinar, ser más que espectadores.
El papel del HASHTAG, como ya lo hemos visto, agrupar una idea, es como el título de una historia, y con solo utilizarlo ya haces parte de esta. Cuando una empresa apoya su campaña en esta palabra acompañada del #, es capaz de medir la efectividad del mensaje, saber a cuanta gente le llego y cuantas personas interactuaron, como te dije antes… Ya no es suficiente con una imagen “bonita”, ahora necesitas que esta genere una emoción más allá del — ¡quiero tener eso! —. Con las redes sociales, se vino la revolución de las estrategias de mercadeo, surgieron términos que ni Nostradamus hubiera podido adivinar que existirían, el internet abrió puertas invisibles y les dio el poder a las personas del común de destruir o construir, de aquí surgen muchas perspectivas de lo beneficioso que es amparar su campaña con una etiqueta, aquella que va a hacer que esta ola ande hasta el momento que los usuarios la dejen de usar y se convierta en obsoleta. En ese momento, necesitas uno nuevo, y la tarea complicada es saber cómo llegar a las personas y hacer que la usen.
Hace poco vi una campaña muy interesante se trata de: #AyudanDOG, lo impresionante fue ver como mi muro de Facebook comenzó a ser spameado por una cantidad de estados donde sobre salía esta etiqueta, y como no, si era para una buena causa: por cada vez que se usara le daban 5 kg de comida a un perrito sin hogar. Este es un excelente ejemplo de como un simple concepto puede  hacer una ola brutal y generar resultados positivos para una marca, esperemos que haya sido real, en caso de que no lo fuese muchas personas (seguramente) destruirían a la marca y probablemente dejarían de adquirir su producto.

 

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